19 de diciembre de 2013

Y no se ve el horizonte


Vivir no es más que mantenerse a flote en un mar. Enorme masa de agua que a ratos está en calma, a veces enfurecida; que desde donde estás parece infinita porque todo es azul y no se ve el horizonte. Nadar, no sumergirse, flotar solamente; pelear con brazos y piernas, avanzando en cualquier dirección o dejándote llevar por la marea. Y aunque casi nunca lo piensas eres plenamente consciente del eterno abismo que te rodea. Chapotear, respirar, aletear, resistir, teniendo la certeza de que tarde o temprano, cuando te agotes o te rindas, acabarás hundiéndote en lo más oscuro y profundo. Notarás en el suave descenso que la materia cambia, que el tiempo desaparece y todo es como más lento, que el cielo ya no es cielo, que ahora es una lámina de cristal prensado de donde cuelgan ribetes de luz, como finos visillos movidos por lo que ya no es viento.

Desapareces sin  dejar evidencia de haber estado, de haber sido. Ni el mas mínimo rastro. Un mar que es muerte y la vida todo lo que haces para no entregarte.


Jandro Güell.

3 de diciembre de 2013

No poesía para no iniciados


Llegué tarde a casa 
y encontré a mi cupido 
en el escalón de mi portal 
borracho perdido. 
No es un cupido convencional, 
en lugar de alas 
porta en la espalda 
dos crestas moradas, 
en los ojos lo que pudieran ser ojeras 
o rímel desteñido de plañidera, 
una chusta entre índice y anular
y entre bota y bota desabrochada 
un charco de pota sin clasificar.

Jandro Güell.

4 de noviembre de 2013

Diez minutos y un beso


En la última hora de su vida el sentenciado a muerte pidió, como último deseo, la visita de una diva de rostro y nombre común en dominicales y marquesinas de bulevares, de belleza para él inigualable. Aunque la exigencia resultara extravagante se reducía a que le concediera diez minutos y un beso. Ante la sorpresa del alguacil, este preguntó –Puedo entender el beso pero,¿por qué diez minutos?- El preso le contestó serenamente y casi susurrando, como hacen las personas que pasan mas tiempo en silencio que conversando, -si en ese tiempo no soy capaz de convencerla y conseguir la segunda petición es que no soy digno de ese beso-.


Jandro Güell.

Un día cualquiera


Te conocí en una playa. No sé si era Lunes, Martes, Jueves o Domingo. Un día de esos que pasó sin importancia para los demás. Un día cualquiera.

Lucía el sol de las once de la mañana; un sol de otoño que doraba el agua de la orilla en contraste con el azul añil tras el rebalaje, el verdor de las cañas, la colina asomándose al Norte con la única nube blanca de peineta. Todo en esa playa era sintonía. Desde que conocí aquel lugar puedo decir que el paraíso tiene costa.

Yo tenía 23, a ti te calculé 19. Nunca olvidaré aquella niña despeinada, hundiendo los pies en la arena, con los ojos cerrados y la media sonrisa regalada al mundo. Parecías casi recién levantada, quizá por el camisón que te vestía, movido por la marinera brisa, ondeando como el visillo de una ventana entreabierta. La criatura más bonita que había visto en mi vida.

Olvidé tu nombre, tu sonido, tu olor. Solo recuerdo que te conocí en una playa, un día cualquiera.


Jandro Güell.

1 de noviembre de 2013

A lágrima viva

Con la pena sucede lo mismo que con la alegría. Cuando alguien llora o ríe a lágrima viva, sintiéndolo de verdad, te lo puede contagiar.

Jamdro Güell.

Una verdad

Si hay algo que detesto son las mentiras. Incluso las piadosas; de entre todas esas son las más hipócritas.


Jandro Güell.

27 de octubre de 2013

La Musa muda


Anoche la Musa de mi inspiración ejerció de cupletista en una cantina con solera; me puso los cuernos con un torero; llegó tarde a la cama oliendo a tabaco, a culpa y a bolero; antes de dormir rezó tres avemarías. Esta mañana, vestida de ojeras, no dijo nada, el exceso y la afonía la dejaron muda. Hoy no sonarán las piezas de mi teclado ni se manchará de tinta la mano de este poeta. Descalzo en la cocina recorro una y otra vez un camino de solo tres pasos entre el hornillo y el fregadero. Y en la breve penitencia me pregunto -¿qué te hice yo chiquilla?-, mientras le estrujo un limón a tu taza de manzanilla.


Jandro Güell.